jueves, 29 de abril de 2010

¡Tengo el rosal enfermo y a los tulipanes les duele la cabeza!

Y he tardado varios años en comprender tus sabias palabras. Tres, para ser exacto. El primero fue el más difícil, no entendía el significado, el contexto, el soporte estaba mal, la expresión era inexacta o yo no era el destinatario correcto. Cuando pasé al segundo año, la frase ya no ocupaba más que un 25 % de mí. Pensaba de vez en cuando, la releía, la miraba y todavía levantaba las cejas buscando una respuesta. Me acoraba más de ella cuando las cosas cambiaron, cuando después de nuestros rifirrafes todavía nos teníamos cariño y tú nunca me dijiste: ¡Eres tan tonto que ni sabes a que me refería! Yo a veces tenía miedo de mirarte a los ojos y que descubrieras que yo todavía no sabía la verdad. Miraba tus pies con el temor de que se fueran corriendo. Agarraba tu bolso con la única excusa de retenerte. Y por fin, el castigo se ha terminado. Ya no pensaba en ella, solo un 5% de mi la recuerda, pero hoy me dado cuanta de que hay frase muy listas y tú, aquella noche me la diste gratis, libre, sin dueño, me la lanzaste como un puñal afilado… por eso, hoy te doy las gracias.

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“A veces me ha dado la sensación de que…” (Mejor que la frase se quede solo en mi cabeza).



sábado, 10 de abril de 2010

viernes, 9 de abril de 2010

¡Manoli, yo también quiero Pradilla!

Hoy me he parado a pensar y me queda tan poco. A la par he vivido tanto y me queda otro tanto por sentir. Pero esta sensación de que el fin está más cerca de lo que mi mente calculadora pensaba me pone de los nervios. Del hígado.