sábado, 15 de mayo de 2010

El camión de los Helados. ¡Hoy de Nueces y Nata!


New York, 15 de mayo de 2010.


El viento mueve mi abrigo, me destapa y deja ver mi cuerpo. Las noches de Lolo, son así, diferentes. He echado tanto de menos las noches de los ochenta, que por una vez al año se haga una fiesta con esa temática, pierdo el norte, el sur, los tacones y hasta las bragas.


Ya soy vieja y pelleja, pero al fin y al cabo experimentada, o que se lo digan a Daimel, el afrocubano afincado en el SoHo de New York que tan feliz me hace dos veces por semana a 100 dólares la hora.


La resaca a una cierta edad, es peor que la muerte. Como decía una amiga mía, fan incondicional de los bacanales y fallecida durante una de estas fiestas… “la resaca son restos de lo bien que te lo has pasado la noche anterior”.


Lolo de noche es tan distinto al Lolo diurno. Su humor es apagado, gris y rápido, ni que fuese neoyorquino. Su casa por la mañana, una mansión de techos altos y alfombras blancas que cubren el frío y caro mármol egipcio, es como el mercado de Queens en agosto. ¡A la pelea! Que si unas bragas iguales que a las mías, que si las perlas que me ha regalado mi marido, que si esta peluca es muchísimo más mona que la mía, que si esto es harina o coca… Sales corriendo, con un montón de cosas nuevas y muy pocas cosas viejas, el alma molida, la resaca de regalo y el frío de enemigo.


Soy vieja para estas cosas, pero la carne es débil y los bacanales, sinceramente, me gustan.


¿Cómo te gustaría morir? – me preguntó un inoportuno muchacho en la fiesta de aquella noche.


Yo, de rodillas y al juego, le miré a los ojos. Vi que sinceramente le interesaba mi respuesta. Quería la verdad, mi verdad. Me resultó tan raro que me paralicé.


Juro que nunca lo había pensado.


¡Prefiero morir pecando que en el asiento trasero de un taxi!- dije con salero.


Y ahora, en el asiento trasero de un taxi, con un conductor pakistaní y el alma cansada de fetiches, sadomasoquistas y súper masoquistas, decidí que quería un descanso honrado, tranquilo y junto al fuego de la chimenea.


Lolo volvió a llamar al año siguiente. Yo solo pregunté.


¿Va James? – el joven del año pasado que me preguntó algo que nadie nunca se había atrevido o interesado, y él, a su temprana edad me había ayudado más que nadie.


Si- dijo.


¡¡Allí nos vemos!! – Exclamé – ¡le debo una aclaración!.


Cordelia

La madura.

2 comentarios:

Nuria!=) dijo...

Cordeliiiaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!Xfinnnnnnnnnnnn!

Manoli Piruletas dijo...

Oooooh! Me ha dejado un regustillo triste... debo de ser yo porque Cordi es una chica alegre...!!!