miércoles, 26 de octubre de 2011

Pecaminoso pecado mortal del pecador.


¡Tú tataranieta ha decidido transvertirse!
Tranquila mujer, mejor travesti que puta.

martes, 4 de octubre de 2011

Paralelamente Cómplices - Margaret (II)

Jueves 05:38.

Tranquilidad, tranquilidad... ¡Margaret, tranquila!,... MIERDA. Misión sencilla jodida hasta límites insospechables. La situación se encuentra así: Larry desaparecido, teléfono pinchado e imposibilidad de contactar con la ORG, una carrera en mis medias preferidas y el objetivo de la misión muerto en mi cama de hotel. ¿Causas de la muerte? Ruptura de la quinta costilla, mordaza de unos 15 cm tapando la boca y cortes no muy profundos en el cuello... Ah, y un abrecartas debajo del corazón (herida limpia y sin rasgado). Quiero aclarar que la medicina no es mi fuerte. 

He limpiado las huellas de la habitación, fotografiado el lugar del asesinato, quemado toda la asociación de mi persona con el lugar de los hechos, me he duchado, cambiado las medias con la carrera y colocado la nueva peluca. Además he preparado una pequeña bolsa de viaje por si el asesino de mi objetivo quiere hacer un dos por uno y reventarme el hígado con un cúter, o la policía belga quiere jugar al ratón y al gato. También por último, por si Rindiu Lastruein, mi actor preferido del cine negro de los años 30 quiero venir a salvarme con su camisa de cuadros azules. La habitación está a mi nombre falso, pero no tardarán en descubrir quien soy. ¿A donde me voy? ¿Continuo con la misión? ¡Necesito contactar con la ORG, pero el único punto de contacto es la agente 123 y está en Roma! Pero vamos que después de lo que le hice con  el cirujano plástico no creo que me quiera ver. Espera un segundo. ¡Esta copa de champán manchada de pintalabios no es mía! ¿Quien coño ha estado aquí además del fiambre? Solo la ORG sabe que tenía esta habitación... Dos toques a la puerta me sacan de mis conjeturas. Servicio de habitaciones, añadieron desde la puerta.

Paralelamente Cómplices - Larry (II)

Jueves 03:45.

El sonido rítmico del tren comienza a acelerarse e incluso comienza a subir una pequeña cuesta, lo que me hace intuir que debemos estar en un lugar empinado, o por lo menos nos dirigimos a un lugar elevado.

Intento decidir que hacer. No puedo soltarme. Mis manos y mis pies están atados. Una cuerda en vertical los une. ¿Qué ha pasado? ¿Donde está Margaret? Seguro que ahora mismo, se está burlando de mi o está en su cama de hotel, relajada y durmiendo para ir mañana a los ensayos de la obra. Espero que en ese momento me eche de menos y me busqué, aunque sabiendo como es ella, seguro que mi ausencia la adjudicará a alguna noche de borrachera, sexo y alguna que otra pelea callejera… Pero para ser sincero, comienzo a preocuparme. Últimamente no nos estamos llevando lo mejor posible y todas estas redecillas nos han llevado a no ser un buen equipo. No hace falta más que mirar en la situación en la que me encuentro ahora. Lo sé, lo sé, pero todos mis problemas personales no me dejan actuar como debería. Observo el lugar y una cosa me distrae de mis pensamientos hacia Margaret. Otro cuerpo se  encuentra en la otra esquina del vagón. Intento estirarme, pero las cuerdas me lo impiden. ¡Ahora lo recuerdo! El cinturón que llevo puesto tiene uno de los bordes afilados. Lentamente giro con mis manos el cinturón hacia  la espalda hasta encontrar la hebilla. La tengo. Rozo las cuerdas con fuerza. Los hilos se deshilachan poco a poco. Estoy a muy poco de soltarme. ¡Gracias Prada por esta colección de complementos tan útil! Unos empujones más y lograré soltarme. De repente, el sonido de una automática CY67 y una voz me hablan desde la esquina opuesta a la mía. Somos al menos tren en este vagón.