miércoles, 27 de mayo de 2015

Ríes e incendias el mar...



"Es verdad lo que dicen de mi, 
que me gusta dormir al borde del volcán..."

miércoles, 20 de mayo de 2015

Calles calurosas


“Si quieres que te huela acerca tu cuerpo a mi calavera.
Y dime cómo es lo que era que tú querías que te hiciera.

Anda dímelo, enséñamelo, juégatelo, juégatelo.
Que lo mismo me convences y te lo hago to’, to’ lo que quieras,
pa' ti mis caderas, fiera, pa' que me cojas entera”

Bebe

martes, 12 de mayo de 2015

Cada Reina con su corona.



Las puertas de la discoteca se abrieron como se abren las puertas del cielo ante los feligreses más sagrados, es decir, sin ruido, con rapidez y al ritmo de las canciones de la Pelopony. Así se abrieron aquellas puertas de madera de pino barnizadas de horas de humo concentrado, salpicaduras de copas y sabe Dios que más sustancias ilegales o corporales había en esa capa de barniz indecente. Nosotras, divas, dignas y puede que un poco dormidas acabábamos de llegar, dos horas antes, para realizar nuestro show. Algo sencillito habíamos pensado esta vez. Pezoneras de diamantes (las falsas, por supuesto), la copa de champagne de tamaño estándar, esa en la que pudiéramos entrar las dos. Meleas largas, rizadas y rubias (¿Lo dudabais?) Añadiríamos un toque de glitter y terminaríamos el show con varios litros de leche sin lactosa para bañar nuestros cuerpos fibrados al ritmo de alguna de las grandes. ¿Fibrados? Si amigas, así somos, de músculo en cuerpo, silicona en pechos y pestañas postizas en los ojos. Ahora mismo, con menos de tres horas de sueño, dos horas de bus, media de taxi y un cuarto de hora caminando hasta este sitio, éramos la viva imagen de Madona camino al gym. Un chándal nos tapaba de arriba abajo, impidiendo magnificar nuestros cuerpos, el abrigo de piel sobre los hombros ondeaba al viento (ya sabéis que somos frioleras y muy fans de la gran Rocío Jurado en 
el aeropuerto) y unos tacones de infarto para que el pie se hiciera al show nocturno que teníamos en mente. Las maletas de leopardo y cebra las dejamos en una esquina. Necesitábamos un coca cola cero, mi amiga es adicta a ella, y a mi, a esas horas no me entraba nada más que un Martini seco con dos aceitunas. Nada más entrar, y una vez que los ojos se nos acostumbraron a la oscuridad de esa imitación barata de la Cueva de Valporquero, la cara se nos quedó desencajada, como esa vez que nos pusimos botox en un clínica veterinaria pensando que habíamos encontrado el chollo del año. (NUNCA OS FIÉIS DE UN FILIPINO VENDIENDO BOTOX MIENTRAS BAÑAN A UN PASTOR ALEMÁN MÁS GRANDE QUE NOSOTRAS DOS JUNTAS) Perdonad, que me pierdo… ¿por dónde iba? Ay, sí, por las caras desencajadas… Pues si amigas, allí estábamos nosotras, que por cierto, no nos hemos presentado… perdonad mi educación, fui a un colegio de monjas y allí aprendí que lo primero de todos es Dios, y claro, se me ha quedado marcado eso para toda la vida, eso y la Salve Rociera que aprendí en el patio del colegio. Cultura a raudales, ladies. Bueno, mi amiga, mi alma gemela del espectáculo, mi latina sin escrúpulos, mi gin de mi tonic, mi cero de mi coca cola, mi Lola de mi Bimba, ella, la gran Fabia, Fabia Passerini, la gran artista italiana de todos los tiempos. Ni Paussini, ni Carrá, ni Boceli, ni el Papa Francisco, ni nadie. ELLA. Yo, una humilde servidora, soy Encarni de los Remedios. Y lógicamente, juntas, pero no revueltas, formamos el grupo: Las Peloponys Alpujarreñas. Después de esta estupenda (modestia aparte) presentación, continuo.

Copa en mano, mirada perdida y abanico en movimiento, nos paseamos con cierto tono de alteración por los más de 200 metros cuadrados de aquella discoteca de pueblo de las postguerra en el que teníamos el show. No os describo el circo, porque me crecerían los enanos. Sólo os quiero decir, que mi Fabia tuvo que salir a tomar el aire y un diazepam para que las pestañas, que se le habían subido al cielo del susto, pudieran bajar. Yo, ni corta ni perezosa, arrinconé al dueño de ese barucho de mala muerte y le dejé las cosas muy claritas. Las Peloponys Alpujarreñas allí no iba a realizar su show a no ser que prendiera fuego a toda esa mierda que ahí tenía y entonces, sobre las cenizas, podríamos poner nuestros tacones. Tacones que valían más que ese local infrahumano de la segunda guerra mundial. (Mezclando guerras, historia y cositas así para que veáis que soy culta) (Saco las uñas como una buena tigresa del oriente andaluz que soy) 


El dueño, asustado, acobardado y puede que un poco cachondo al descubrir que dos pedazos de mujeres le estaban haciendo frente, nos pidió que le siguiéramos. Miedo nos daba. Íbamos a terminar peor que en la película de Saw y todavía éramos jóvenes y hermosas…. La cosa es que nos llevó al almacén. Nos dijo, buscad lo que queráis, pero tengo este columpio que se puede colgar del techo, varios carteles…. Y en ese momento nosotras desconectamos. Era el paraíso de “unas cabareteras de cuartas venidas a más” como nuestra tarjeta de presentación decía. Era lo que necesitamos. Un segundo después estábamos acompañando al dueño a la puerta y le pedimos que nos diera dos horas. Cerré y miré a Fabia. ¡Amiga, mueve el culo que tenemos mucho que trabajar! ¡Hoy seremos machas, nachas las machas! Risas por medio, uñas rotas, polvo, alergias, algún que otro chupito de tequila para el cuerpo, el último disco de la Paulina (amiga y compañera) a todo volumen y después de dos o tres bailes con unos mantones de Manila encontrados en un baúl al final del almacén de satán, nos pudimos sentar y contemplar nuestra creación. ¿Os acordáis de esa película de la Chris Aguilera, con una Cher más joven que la propia Christi, en un burdel de poca monta en las américas perdidas? Pues amigas, diez millones de veces mejor (vale, lo reconocemos, tampoco era difícil superarlas) Teníamos de todo. No es por ser modestas, que no lo somos, pero ese sin duda iba a ser nuestro mejor show.

Fabia se fue a la ducha. Empezábamos en menos de 40 minutos y cariños, nosotras necesitamos muy poco para salir a darlo todo, pero nuestros looks requieren, chapa y pintura como un Toyota viejo. Lo que no os he contado es que era el cumpleaños de Fabia. Ella no sabía que tenía el mejor regalo escondido entre mis Jimmy Choo y unos tangas del mercadillo, buenísimos. Un regalo digno de una diva. De una estrella, de una gran amiga.


Fabia duchada y en chapa y pintura, comenzó mi proceso de arreglo después de haber sido más hombre de lo que lo es el barbudo de Bricomanía. Agua bendita cayó por mi espalda. Gracias a CHER que los camerinos eran como debían ser. El cielo en la tierra. Amplios, luminosos y limpios.

La noche empezó con aplausos y terminó con una recaudación que ahora mismo, y por motivos relacionados con la Agencia Tributaria, no podré develar. Eso si, esa noche aumentó nuestro caché y casi Divinity nos monta un programa de decoración en el prime time. Así somos nosotros. Apañadas.

Los tacones por el suelo, la peluca despegada y un cigarro apagado en el césped de la zona de atrás del bar era el mejor resumen de una noche fabulosa. Nunca pensé que ese columpio y aquellos abanicos al más puro estilo Loco Mía iban a poder hacer de esta noche, una noche de “prepárate a sentir”. Me levanté rápido y dejé allí a Fabia, estaba muerta la pobre, pero tenía que ir por una cosa. Le pedí al dueño que no fuera rata, que nos pusiera la mejor botella de champagne, encendiera las luces románticas del jardín y pinchase a la Beyoncé a todo volumen.

Caso me hizo. Feliz, nerviosa y con el regalo en las manos caminé hacia mi amiga. Un pequeño discurso, dos o tres lágrimas, no más ya que el rímel se nos iría a la mierda y aún teníamos que quemar ese pueblo, recorrer todas las calle, beber en todos los bares, bañarnos en una fuente y que la alcaldesa nos diera la llave o un trocito de parcela en dicho lugar. Le pedí que se pusiera de pie. Beyoncé cantando a pulmón lleno una de sus melancólicas canciones. Sin más, quité el pañuelo de seda que envolvía el regalo y se lo puse. Una corona. Una corona es lo mejor que le podía regalar a Fabia. Toda reina necesita su signo, y el suyo, era esta corona amigas.


¡Muchas felicidades amiga! Disfruta hoy y siempre.

Tu Pelopony Alpujarreña.

jueves, 7 de mayo de 2015

Un día casi me abrazas.

"Se empezó a derretir la coraza y cayó...
y mi piel se volvió fluorescente.
¿Durante cuánto tiempo estuve hibernando?

No me interrumpiste, me estabas esperando"